Soy psicóloga y no estoy loca

La psicología sigue siendo una profesión que se enfrenta, día a día, a muchos prejuicios, restándole la importancia como disciplina científica y afectando a los psicólogos en su labor profesional.

Por eso, este artículo pretende ofrecer una información real de la ciencia psicológica para acabar así, con todas esas frases típicas que escuchamos todos los psicólogos cuando nos presentamos cómo tal.

En primer lugar, la psicología no es una disciplina basada en libros de autoayuda o en frases de “todo irá bien”. Sino que es una ciencia que tiene un campo de estudio: la conducta humana y sus procesos psicoemocionales; y además, sigue el método científico; es decir, se pregunta e investiga estos procesos para aumentar su conocimiento y mejorar su aplicación.

Una vez definida, vamos a ir desgranando frase por frase, para luego presentar realmente que es lo que hace un psicólogo o psicóloga.

“Yo no creo en la psicología”

Como hemos dicho, la psicología es una ciencia, concretamente del ámbito de la salud. No es una religión en la que creer o de la que esperar milagros. No es un acto de fe, sino que es una disciplina demostrada científicamente, y que creas o no en ella, no cambiará en nada su cuerpo de conocimiento y su eficacia en mejorar el bienestar de las personas. Está claro, que como cualquier ciencia, puede tener fallos metodológicos o cambiar con el tiempo o por nuevas investigaciones; pero eso no es creer, eso es tener una visión crítica de la psicología.

“No me psicoanalices”

Lo primero de esta creencia es mencionar el origen de esta expresión: El psicoanálisis. Parece ser que la única rama de la psicología conocida popularmente sea gracias a Freud, teniendo en cuenta que hay muchos marcos teóricos que estudian el comportamiento, como el cognitivo-conductual, la terapia sistémica, la Gestalt, entre otros.

Aún así, los psicólogos no tenemos la capacidad de adivinar o leer aquello que pasa por tu mente. Al contrario, nuestro trabajo es rico de técnicas y cuestionarios para analizar conductas, características personales, pensamientos que nos ayudan a establecer hipótesis de la dificultad del paciente; teniendo en cuenta que es necesaria su participación y confianza en el proceso.

Además de eso, esa frase advierte una actitud defensiva, incluso agresiva ante el descubrimiento de tus secretos más íntimos. No tienes por qué preocuparte. Sí, somos personas con una gran vocación asistencial y una formación académica muy extensa, pero no estamos constantemente pendiente de lo que hacen los demás en su día a día.

“¿Eres psicóloga? Pues a mi… (te cuenta su problema)”

La otra cara de la moneda. Personas que al presentarte como psicóloga, sin un hola de cortesía, ya te piden el menú completo de análisis exhaustivo de su problema y su solución inmediata. Volvemos a lo mismo, los psicólogos no leemos la mente ni tenemos poderes especiales que nos permitan resolver un problema en 5 minutos. Esa responsabilidad es injusta y poco profesional. Además, que seamos empáticos y nos guste ayudar a la gente, no implica que nos pasemos las 24 horas observando y atendiendo las dificultades o curiosidades de personas que ni siquiera conocemos. Tened en cuenta que es nuestro trabajo y nos ganamos la vida con él.

 “Eres psicóloga, no deberías enfadarte”

O no deberías tener complejos. Ahora resulta que somos una especie de superhéroe; un SuperPsicólogo que tiene el súperpoder de cumplir con todo las exigencias externas o los deberías  de ser y actuar.

Por esa misma regla de 3, los médicos no pueden caer enfermos, los teólogos son dioses y las sexólogas son expertas en la cama. Está claro que los psicólogos trabajamos con las emociones, ayudamos a los demás y estamos entrenados para ello. Además, nuestra formación y experiencia profesional nos da herramientas para afrontar las dificultades propias; siendo más conscientes de nosotros mismos y de nuestras oportunidades de mejora.

Pero, la psicología no es lo único que nos define, sino que hay una diferencia entre estar dentro y fuera de consulta, entre llevar la capa profesional o no. Es decir, somos personas de carne y hueso, sin ningún poder especial que nos permita inhibir nuestras emociones o nos enseñe a tener una conducta impecable. Tenemos miedos, defectos, creencias erróneas, lloramos, nos enfadamos o decimos las cosas de malas formas. Y esto no quiere decir que seamos malos profesionales, sino personas con sus bonitas imperfecciones.

“Todas las psicólogas estáis locas”

Esta creencia está relacionada con la idea de que los psicólogos nos metemos en una carrera de 4 años para solucionar nuestros problemas (con lo fácil que sería ir a terapia). Es como si tuviéramos la locura en nuestra genética o la desarrolláramos estudiando la carrera. Y, además en femenino, no sé si porqué normalmente en las aulas de psicología hay presencia femenina o para reforzar la idea patriarcal y equivocada de nuestra histeria.

Además, los psicólogos no pretendemos arreglarnos, no estamos rotos; sino que somos gente curiosa, analítica, pretendemos entender los procesos mentales que nos llevan a determinadas conductas y emociones. Nos gusta descubrir y entender la conducta humana, estudiarla. Y si podemos aplicar esas cosas con nosotros mismos para mejorar, mejor que mejor.

“Ir a terapia es cosa de locos”

Por otra parte, existe este mito asociado a personas con trastornos mentales graves; por la falta de información o los prejuicios sociales que siguen reforzando los medios de comunicación. Aquí,  aparte de demostrar una empatía nula, al no tener en cuenta el sufrimiento de estas personas, se demuestra la total ignorancia por el trabajo del psicólogo.

En consulta, se atienden una variedad de demandas personales. Pueden ser conflictos emocionales, de pareja, bajos estados de ánimo, autoestima, asesoramiento ante una situación, e incluso mejorar aspectos o habilidades personales. Ninguna de estas personas entraría dentro del concepto social de locura. Al revés, todas las personas pasamos por momentos y situaciones complicadas en nuestra vida, y las que se atreven a pedir ayuda,  son las personas valientes, resilientes que quieren mejorar su bienestar, y por ende, su vida. Hablamos de salud mental, de calidad de vida.

Porqué igual que vas al médico cuando te duele la cabeza; ¿por qué no vas al psicólogo para ayudar a ordenarte o darte herramientas para ello?

“La psicología sólo es dar consejos”

Cualquier persona puede escucharte y apoyarte en momentos difíciles, ofreciéndote ayuda o consejos de mejora. Eso puede ser terapéutico. Pero el trabajo de un psicólogo es mucho más. Como hemos dicho, es un profesional formado y con experiencia con casos similares al tuyo. Esto hará que pueda servirte de guía durante el proceso terapéutico; enseñándote herramientas que puedes servir en tu día a día, siendo tú el único responsable de tus decisiones y tu bienestar.

En definitiva, un psicólogo es un profesional con amplia formación (en continuo reciclaje) y experiencia; con determinadas habilidades clínicas y personales, que sirve de guía y soporte para aprender a afrontar con eficacia las dificultades de la vida mejorando así, el bienestar de las personas.

 

 

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